Son como las hormigas,
están en todos lados y nunca se acaban. Cada vez son más, se adaptan a
cualquier clima y se reproducen con gran facilidad. Uno se los encuentra en
cualquier lado, aunque solemos detectarlos con mayor facilidad cuando andamos escasos
de paciencia. No hay título que los distinga ni apariencia física que los
denote. Muchos andan motorizados y parece ser que el valor del vehículo acentúa
proporcionalmente la condición. Los hay con altos cargos que nos llevan a
agregarle a su condición el calificativo de importantes. Y también están los modestos
o poco trascendentes que te obligan a utilizar el diminutivo. En general les
encanta llamar la atención, pero tal vez la mayor coincidencia entre ellos esté
dada en que todos se creen machos alfa aunque a esa hombría sólo se animan a
mostrarla cuando están acompañados de otros de su especie. A solas y cara a
cara se deshacen como gelatina al sol. Tengan cuidado porque seguro alguno andará
rondando, no sea que termine por contagiarles tal condición. El antídoto
preciso para mantenerse inmunes es pensar con coherencia y actuar con una cuota
razonable de sentido común, jamás copiarles lo que hacen. Si bien los pelotudos
ya son una peste aún está en nosotros el poder hacer la diferencia.
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